Y,
entonces, Pedro Livio vio la cara llorosa y espantada de su mujer. “Qué es
esto, mi amor, qué te ha pasado, qué te hicieron”. Mientras la abrazaba y
besaba, tratando de calmarla (“un accidente amor, no te preocupes, me van a operar”).
“¿Por qué has hecho esto, Pedro Livio?”. “Para que nuestros hijos vivan libres,
amor”. Dando salida a un torrente de emociones contenidas, tomó a su mujer de
los brazos y, mirándole a los ojos, exclamó:
-
¡Está muerto, Holga!
¡Muerto!
Con la muerte de Rafael Leonidas
Trujillo, más conocido como el Chivo, “terminó” una de las épocas más tristes y
a la vez más sangrientas que enfrentó República Dominicana. Fue también conocido
como el Benefactor, y se le atribuye el asesinato de más de 50 mil personas
(incluyendo la muerte de miles de haitianos en la tristemente conocida como “Masacre
del perejil”). El Chivo dominó a toda una nación mediante el terror, la tiranía
y la represión. Se ganó la simpatía de muchas personas mediante actos generosos
cuyo fin era dominar y adueñarse de prácticamente todas las esferas económicas,
políticas y sociales. Durante su régimen se creó el servicio de inteligencia
(SIM) que estaba a manos de Abbes García, su mano derecha y quien era el
encargado de torturar a los opositores al régimen.
“La fiesta del Chivo”, novela escrita
por Mario Vargas Llosa, narra la historia del asesinato del dictador Trujillo.
La novela inicia con el regreso de Urania Cabral, una señora de 49 años que
vuelve a la República Dominicana al parecer para visitar a su padre Agustín Cabral
-un militar que perteneció al régimen de Trujillo- quien está en sus últimos
días de vida. La novela rompe las líneas temporales y nos muestra 3 historias
distintas: La primera, con el regreso de Urania luego de vivir por muchos años
en Estado Unidos; La segunda, con la vida de Trujillo y la forma como ejercía
la tiranía y abusaba hasta de los que formaban parte de su propio régimen; Y la
tercera, con el planeamiento del asesinato del dictador entre los que cabe
destacar: El “Turco” Sadhalá, Antonio de la Maza, Amadito, Pedro Livio, entre
otros (Quienes son conocidos como los héroes del 30 de mayo de 1961). Luego del
asesinato de Trujillo, todos ellos fueron perseguidos, torturados y finalmente
asesinados. Durante el desarrollo de la novela, todas las historias se conectan
de diversos modos para retratar a la República Dominicana durante esa época. En
muchas páginas conocemos la vida del Senador Agustín Cabral, fiel al régimen de
Trujillo, y a su hija Urania quien aún era una niña. El senador fue acusado
injustamente por el dictador y al ver que estaba a punto de perder su trabajo
finalmente acepta complacerlo entregándole a su pequeña hija Urania (Decidió
que ella vaya a una fiesta en la casa del Chivo en donde sufriría traumas que
jamás perdonó a su padre). También vemos que luego del asesinato del Chivo, el
que llevó la peor parte fue Pupo Román, uno de sus hombres más importantes
quien también estuvo implicado. Él fue llevado a “El trono”, donde fue
torturado salvajemente como se menciona en algunas líneas: “Al recibir la primera descarga se sintió lanzado con fuerza ciclónica
hacia adelante. El sacudón parecía machacarle todos los nervios, del cerebro a
los pies. Correas y anillos le cercenaban los músculos. A cada descarga- le
echaban baldazos de agua para reanimarlo- perdía el conocimiento y quedaba
ciego, volvía luego a la conciencia. Trataba de guardar cierta compostura, de
no humillarse pidiendo compasión”.
Republica Dominicana no fue el único
país que sufrió el abuso y la tiranía por parte de un dictador. El Perú se
encuentra en la lista de los 10 países con las dictaduras más sangrientas en
América latina. En nuestro país, alguna vez, se violaron los derechos humanos
de la misma forma, se esterilizaron a muchas mujeres y asesinaron a personas
inocentes que se oponían abiertamente al régimen dictatorial. Muchos héroes que
algún día lucharon aún no son reconocidos. No nos olvidemos jamás que detrás de
una dictadura existieron personas valientes que no tuvieron miedo en luchar por
la democracia y por la libertad. La respuesta tiene que ser siempre la que
alguna vez dijo Pedro Livio cuando su esposa le preguntó cuál fue el verdadero
motivo por el que decidió asesinar a Rafael Leonidas Trujillo: